La cigarra y la hormiga: la fábula, su moraleja y una versión donde son amigas

La cigarra y la hormiga es una fábula atribuida a Esopo. Una cigarra pasa el verano cantando mientras una hormiga trabaja y guarda comida; cuando llega el invierno, la cigarra pide ayuda y la hormiga se la niega. Su moraleja clásica es que conviene esforzarse y pensar en el futuro.
Aquí tienes la fábula contada para niños, lo que enseña, quién la escribió, lo que no cuenta sobre los insectos reales y una actividad para trabajarla en casa o en clase.
La fábula contada para niños
Era pleno verano. El sol calentaba los campos y, desde lo alto de un árbol, una cigarra cantaba sin parar.
Abajo, entre la hierba seca, una hormiga iba y venía cargada con granos de trigo. Los llevaba uno a uno hasta su hormiguero.
—¿Por qué trabajas tanto con el calor que hace? —le preguntó la cigarra—. Sube aquí y canta conmigo.
—Estoy guardando comida para el invierno —respondió la hormiga—. Deberías hacer lo mismo.
La cigarra se rió y siguió cantando.
Pasó el verano, pasó el otoño y llegó el frío. Los campos se quedaron vacíos y la cigarra no encontraba nada que comer. Temblando, llamó a la puerta del hormiguero.
—Hormiga, tengo hambre. ¿Me darías algo de lo que guardaste?
—¿Y qué hacías tú en verano, mientras yo trabajaba?
—Cantaba.
—Pues ahora que cantaste, baila —contestó la hormiga, y cerró la puerta.
Moraleja de la cigarra y la hormiga
La lectura tradicional es clara: quien trabaja y es previsor estará preparado cuando lleguen tiempos difíciles; quien solo piensa en el presente lo pasará mal.
Hoy muchas familias y docentes la leen de otra forma y abren preguntas que la fábula deja en el aire:
- ¿Hizo bien la hormiga? Tenía razón en ser previsora, pero cerró la puerta a alguien que pasaba hambre.
- ¿Cantar es no hacer nada? La música, el juego y la imaginación también tienen valor, aunque no se guarden en un granero.
- ¿Podrían haberse ayudado? La hormiga podía compartir y la cigarra podía aportar algo propio. La fábula no contempla esa posibilidad.
Esas preguntas son las que hacen que la fábula siga siendo útil para hablar con los niños de esfuerzo, generosidad y justicia.
Quién escribió La cigarra y la hormiga
Esopo. La fábula procede de la tradición atribuida al fabulista griego de la Antigüedad. En muchas versiones el insecto que canta no es una cigarra sino un saltamontes; por eso en inglés se conoce como The Ant and the Grasshopper.
Jean de La Fontaine. El autor francés la incluyó en sus Fábulas (1668) con el título La Cigale et la Fourmi. Suya es la versión más conocida del final irónico, en el que la hormiga responde a la cigarra que, si cantó, ahora puede bailar.
Félix María de Samaniego. El fabulista español la recogió en verso en sus Fábulas morales, publicadas a partir de 1781. Es una de las versiones en español más difundidas.
Lo que la fábula no cuenta sobre los insectos reales
La fábula funciona como historia, pero la naturaleza es distinta:
- La cigarra adulta no llega al invierno. Vive unas semanas en verano. Antes ha pasado años bajo tierra como ninfa, alimentándose de la savia de las raíces.
- No come lo mismo que la hormiga. Se alimenta de savia que extrae de los árboles con su aparato bucal, así que no necesitaría los granos de nadie.
- Su canto tiene una función. Cantan los machos, y lo hacen para atraer a las hembras. No es pereza: es una parte esencial de su vida.
- A veces es al revés. El naturalista francés Jean-Henri Fabre, que estudió las cigarras a finales del siglo XIX, describió cómo las hormigas se acercan a ellas para beber la savia que brota de los agujeros que la cigarra abre en la corteza.
Este apartado es un buen punto de partida para una conversación en clase: ¿qué cambiaría en la historia si la contamos como ocurre en la naturaleza?
¿Y si la cigarra y la hormiga fueran amigas?
Esa es la pregunta de la que nace Hormitrópolis, un universo de cuentos ilustrados donde hormigas y cigarras han aprendido a convivir, colaborar y crecer juntas.
Sus protagonistas son cuatro amigos: dos hormigas, Ohm y Ori, y dos cigarras, Ciar y Cari. Ohm es decidido y curioso; Ori, observador y atento a los detalles; Ciar es imaginativo y expresivo; Cari, amante de la lectura y de mirada tranquila. Ninguno vale más que otro: cada aventura sale adelante porque cada uno aporta lo que sabe hacer.
Si quieres que los niños conozcan esta otra versión de la historia, estos son los dos libros para empezar:
- Hormitrópolis: La ciudad de las hormigas. El álbum ilustrado en tapa dura que presenta la ciudad exterior, el hormiguero bajo las raíces y la aventura en la que los cuatro amigos unen sus capacidades.
- Hormitrópolis: El Origen. La primera puerta para conocer el universo y el inicio de su mundo interior.
Cómo trabajar la fábula en casa o en clase
Esta actividad está pensada para educación infantil y el primer ciclo de primaria. Se hace en una o dos sesiones.
- Leed la fábula clásica en voz alta.
- Conversad sobre el final con preguntas abiertas: ¿cómo se sintió la cigarra cuando la hormiga cerró la puerta? ¿Y la hormiga? ¿Qué habrías hecho tú?
- Cambiad el final. Cada niño dibuja o cuenta qué pasaría si la hormiga abriera la puerta.
- Buscad lo que aporta cada una. ¿Qué podría enseñar la cigarra a la hormiga? ¿Y la hormiga a la cigarra?
- Leed una historia donde son amigas. Un cuento de Hormitrópolis sirve para cerrar la actividad y comparar las dos versiones.
La idea de fondo es que esforzarse y compartir no son opuestos. Los niños lo entienden mejor cuando lo descubren ellos mismos.
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